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Una AUTOCRITICA Necesaria

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UNA AUTOCRÍTICA NECESARIA

1.- La crisis del Socialismo Científico en España.

La actual grave crisis de los comunistas en España es debida fundamentalmente a nuestros propios errores y limitaciones. En el pasado, ha sido frecuente achacar a factores externos a nosotros el hecho de que no haya sido posible materializar el Estado socialista en España. Ello es ajeno a la realidad y al materialismo dialéctico.

La primera condición para aprender de nuestros errores es reconocerlos. El desarrollo del capitalismo español hasta su última fase imperialista, la incapacidad actual del imperialismo monopolista español de desarrollar nuevas fuerzas productivas en armonía con la naturaleza sobre la base de una ciencia y tecnología propias, su sometimiento a la div isión del trabajo impuesto por los principales monopolios europeos, desguazando nuestra industria y agricultura, quedando como reducto del subsector turístico y estimulador de la creación de capital especulativo mediante el sector inmobiliario.

Todo ello, después de cientos de años de desarrollo capitalista, demuestra que el poder de la burguesía se apoya más en nuestra debilidad que en su propia fortaleza.

El socialismo científico o marxismo solo se puede desarrollar y revalorizar si se aplica a las condiciones concretas de cada país. Si esa aplicación no tiene lugar, el marxismo entra en crisis y languidece, porque el marxismo no son sólo las obras de Marx, sino también el proceso histórico de la lucha de clases posterior que lo ha de desarrollar en cada país. Las causas de la actual situación en España, hemos de buscarlas dando prioridad a los factores internos, y estudiando en segundo lugar los factores externos. Ello es acorde con el materialismo dialéctico marxista que señala que, en general, los factores fundamentales en el desarrollo de un fenómeno dado, son las contradicciones internas de ese fenómeno, ocupando los factores externos el lugar secundario. En este aspecto, como en los demás, se trata de recuperar el socialismo científico, desvirtuado en la teoría y en la práctica por el reformismo y el dogmatismo, las dos peores lacras, que actúan de forma conjunta y que hoy en España hasta ahora, han impedido el desarrollo de un potente Partido Comunista. Los comunistas no podemos por menos que asumir la tradición comunista en España y hemos de asumirla con sus aciertos y con sus errores. Por ello no eludimos nuestra responsabilidad colectiva como comunistas tanto en la situación actual, como en sus antecedentes.

2.- La política dependiente de los comunistas en España.

El PCE nació al calor de la lucha de clases en España, pero influenciado, como la gran mayoría de los partidos comunistas en sus comienzos, por la primera Revolución proletaria victoriosa, la Revolución de Octubre en Rusia. Durante el período inmediatamente anterior y posterior a dicha revolución, y ante el ascenso de la lucha de clases en Europa, el Partido Comunista bolchevique, alentó la consigna de "Revolución Mundial". El desarrollo de los acontecimientos demostró que cada país tenía un grado de desarrollo del capitalismo diferente, el proletariado un grado de conciencia diferente, y su vanguardia, el partido obrero, un desarrollo y capacidad diferentes. A pesar de la existencia de una Internacional Comunista, los factores internos de cada país pudieron más que la voluntad subjetiva de los bolcheviques. Posteriormente, ante el ascenso del fascismo, la Internacional Comunista, dio la consigna de materializar Frentes Populares en toda Europa.

Estas dos consignas, fueron asumidas literalmente por los comunistas en España.

La consigna de Revolución Mundial impregnó el concepto de internacionalismo proletario de un carácter seguidísta respecto a todas las políticas y directrices emanadas de la URSS, confundiendo la necesaria identificación ideológica con la imposible identificación de estrategias y tácticas políticas en países distintos. La de "Frentes Populares" fue aplicada en España, dándole soporte fundamentalmente electoral, sin organizar suficientemente al pueblo en la defensa de la acción progresista del Gobierno de Frente Popular.

En 1.935, el PCE, aún muy minoritario, comienza a organizar militarmente pequeños destacamentos armados del pueblo. A pesar de dicha debilidad, cuando se produce el triunfo electoral del Frente Popular, se comienzan a acometer medidas antioligárquicas que atentan directamente contra los intereses de la clase dominante. El levantamiento fascista encontró al pueblo prácticamente desarmado y desorganizado pues el PCE aún tenía influencia minoritaria respecto al resto de fuerzas políticas.

Las favorables condiciones objetivas, posibilitaron la toma de medidas de Gobierno antioligárquicas por parte de los partidos populares. Sin embargo, no hubo relación entre las medidas tomadas por el gobierno de Frente Popular y el grado de organización político y militar del proletariado. Por parte del PCE faltó un análisis propio de las condiciones reales de aquellos momentos.

El papel de los comunistas en la guerra civil fue heroico. Sin embargo, cuando la guerra civil aún no estaba plenamente decidida, una parte de los dirigentes del Partido, abandonaron España camino del exilio. Este grave suceso, avalado por múltiples testimonios, demostró una importante debilidad ideológica y política en parte del PCE. A partir del término de la guerra, los análisis autocríticos no se producen con la profundidad y sinceridad necesarias, abriendo paso a la teoría según la cual, los factores determinantes de la pérdida de la guerra, fueron los apoyos internacionales al franquismo de italianos y alemanes y la falta de colaboración con la República de los gobiernos europeos "democráticos".

La II Guerra Mundial y el papel heroico que en ella jugó la URSS, acrecentó aún más la dependencia del PCE respecto al exterior. A diferencia del PCCh que se atrevió a afianzar su línea política propia aún a costa de desoír los erróneos consejos de Stalin respecto a la alianza con el Kuonmitang, el PCE confió más en el aislamiento internacional del franquismo a la caída del nazismo, que en el trabajo

organizado del Partido en el interior. Ello facilitó el abandono del maquis y la falta de reorganización de las fuerzas que quedaron en el interior en los primeros años de la posguerra.

El seguidísmo del Partido respecto a la URSS, volvió a manifestarse cuando en 1.956 se celebra el XX Congreso del PCUS. Las tesis de Kruschev aprobadas en dicho Congreso, acerca de la "evolución pacífica al socialismo" y la abolición de la dictadura del proletariado, fueron trasplantadas rápidamente por la dirección del PCE, plasmando dichas ideas en la política de "reconciliación nacional" y "Pacto por la Libertad", que sirvió de base para posteriormente proceder a la reforma del franquismo y a la sumisión a la política del capital monopolista en la actualidad.

La colaboración de clases propuesta por la dirección del PCE a partir de la "reconciliación nacional", fue contestada en el interior del Partido, pero solo adquiere relevancia a partir de la confrontación ideológica chino-soviética. Las diferentes escisiones que tienen lugar entonces en el PCE lo hacen al calor del resurgir de la lucha de clases en España, pero dan una importancia esencial a la controversia ideológica entre China y URSS, especialmente a partir de la "revolución cultural" en China.

Es decir, a pesar del intento de romper con el reformismo llamado entonces revisionismo (no sólo existe revisionismo de “derechas”, sino también de “izquierda”) se mantienen por parte de los comunistas la política de dependencia, en este caso respecto a China, Albania... De forma constante y afectando a todos los intentos de reconstrucción del Partido, el rasgo común de dicha dependencia se ha convertido en tradicional, impidiendo el necesario análisis concreto de la situación concreta en el país concreto, y castrando la lucha heroica de los comunistas y del pueblo una y otra vez.

3.- Las lacras del dogmatismo y del reformismo en nuestro partido (tanto el PTE como la ORT).

Todo ese proceso afectó a nuestro partido. Ello nos llevó a la separación respecto al deseo de unidad de las masas, expresado en el carácter asambleario y unitario de todos los procesos de luchas en el movimiento obrero y popular, en las minas, fabricas, en el campo y en los barrios, a partir de los años 60. De hecho, cuando en los 70 el PCE acepta la división sindical futura, en base a que los sectores reformistas del capital monopolista están en desacuerdo con un movimiento sindical único como en Portugal, tanto PTE como ORT, en vez de promover la elección de delegados en asambleas unitarias en las fabricas bajo el soporte de las entonces ilegales CCOO para imponer de hecho el sindicato único desde la base, emprendemos la configuración de los sindicatos unitarios al margen de CC.OO, llegando incluso a una subdivisión entre CSUT del PTE y SU de ORT.

Aquellos graves errores fueron el inicio del declive de la relativa gran influencia entre las masas de nuestro partido, pues al confundir el factor objetivo que suponen las organizaciones de masas con el factor subjetivo que supone el partido, desnaturalizamos el sindicalismo asambleario y de masas.

En los barrios, el relativo protagonismo de lucha que había tenido el partido en la formación de las asociaciones de vecinos, sobre la base de movimientos de masas populares de base, no se entendió como una forma de avanzar en la unidad popular en los barrios como germen del futuro poder, y terminó transformándose en una actividad

secundaria de los militantes y de proselitismo político. Concretamente la ORT defendía la formación de un Frente Democrático Popular con sus Asambleas Populares, pero ello se establecía como un calco de la estrategia política de la revolución china, ajena a España y su realidad. Ello nos llevó a concebir ese frente como una unidad por arriba entre diferentes partidos populares (algunos ya comprometidos con los monopolios como PSOE y PCE) y nos impidió ver en el movimiento de lucha en los barrios y el surgimiento de las Asociaciones de Vecinos la herramienta para construir las Asambleas Populares desde la base del pueblo en lucha.

En el terreno de la estrategia política, la continua dependencia respecto al exterior significó, que en vez de suponer un acercamiento a la realidad social en España, la ruptura con el reformismo se convirtiera en una caricatura. De esa manera se trasplantó la estrategia de los partidos "padres" a la realidad de España, o se copió

el proceso histórico de la II República Española y el papel que jugaron en ella el PSOE y PCE para intentar repetirlo, sin entender en la practica que dichos partidos ya no representaban a las mismas clases que 40 años antes. La sumisión al exterior llegaba a tal extremo, de cambiar de la noche a la mañana cualquier posición política en la medida que el guía exterior así lo hiciera.

La falta de contacto con la realidad de España de muchas escisiones hizo que, a pesar del proceso degenerativo sufrido por el PSOE y PCE a partir de los años 60, y a pesar de que estos asumieron con firmeza los intereses del gran capital español para hacer posible la reforma del estado monopolista y afianzarla posteriormente, muchos comunistas los consideramos en su momentos parte de la “izquierda”.

Se han realizado múltiples análisis acerca del desarrollo del capitalismo en España en todas sus épocas, y de la configuración de sus respectivas clases sociales, pero dichos análisis se han limitado a los orígenes económicos y a las repercusiones sociales, pero sin aportar la interpretación política concreta: es decir, qué partidos políticos representan a cada clase en cada momento y la definición clara del carácter de clase del estado.

Nuestro partido (tanto PTE como ORT) en vez de hacer un análisis realista del carácter de clase del Estado que promovía la reforma, definiéndolo como Estado que mantenía la dictadura de clase monopolista contra el pueblo, comenzamos a promover la “consolidación y profundización de la democracia”, lo cual significaba de hecho, la consolidación y profundización del poder del estado del capital monopolista. Como consecuencia, en vez de reconocer al PSOE como representante político del capital monopolista enfrentado al pueblo, creímos que su ascenso al gobierno significaría un avance de la “izquierda”.

Asimismo, se fue trasladando el centro de la actividad política hacia un enorme esfuerzo de los militantes para conseguir representación política electoral en las instituciones, debilitando al mismo nuestra presencia en la luchas de las masas por sus problemas reales al convertir las organizaciones de masas en las que actuábamos, en organizaciones dependientes orgánicamente y tuteladas por el partido. Ello supuso un gran desgaste improductivo de los militantes del partido, una separación respecto a las masas, sus necesidades y deseos, la ruina incluso económica para muchos de los camaradas y como consecuencia una gran debilidad y crisis ideológica y política que provocó la desaparición de hecho de nuestro partido.

4. Otros errores.

Debimos superar la incapacidad para una actividad revolucionaria diaria, orientada en las organizaciones de masas realmente unitarias, de cara a ir configurando, conforme avanza la lucha de clases, el germen del poder popular frente a las instituciones del gran capital y a los partidos que las sustentan, en su día será imprescindible si se pretende tomar el poder, y realizar el verdadero cambio social.

Como en todas las revoluciones dirigidas por un partido comunista, los órganos del futuro Poder Popular no se crearán después de tomar el poder real, sino en la lucha de masas contra el capital monopolista.

España es un país capitalista desarrollado de segundo orden. La política de "cliché" siempre ha sido negativa en el Movimiento Comunista Internacional. Pero en el caso de España, más aún, porque, a diferencia de los países del tercer mundo, no ha habido ninguna revolución en ningún país capitalista desarrollado, del que podamos obtener alguna experiencia. Por tanto, aquí es más absurdo aún trasplantar o depender del exterior.

Hoy aún queda otro tipo de dogmatismo referido a los últimos años de muchos comunistas. Es aquel que considera como actividad central la divulgación de los principios marxistas leninistas. Debido a la gran dureza que hoy adquiere la lucha ideológica y política en España, muchas veces se ha considerado imposible efectividad alguna en la lucha de masas y se anula la actividad de base, esperando tiempos mejores, limitándose a la divulgación en estrechos círculos vanguardistas de los principios escritos por Marx, Lenin, etc. y de reflexiones o denuncias generales sobre la situación. De esa manera, coincide plenamente con el reformismo en el abandono de la lucha de masas, de la necesaria fusión de la misma con el partido comunista y del análisis concreto de la realidad concreta en la base de la lucha de clases, haciendo abstracción de una realidad social que debido a lo anterior, se desconoce.

El reformismo, la otra cara de la moneda oportunista, hoy, después del derrumbe el Este Europeo, pretende que ha desaparecido la necesidad del cambio revolucionario, del verdadero cambio social. Considera al Estado de Dictadura del Capital Monopolista e Imperialista actual, como un Estado democrático el cual es posible transformar sólo mediante el cambio de correlación de fuerzas electoral, y abomina del poder popular en una sociedad socialista.

Depende totalmente de la maquinaria de las instituciones burguesas, de las cuales es firme defensor, y se ha separado definitivamente de las necesidades de las masas, inculcando en estas, toda clase de falsas ilusiones acerca del parlamentarismo burgués.

Sin embargo, la clase monopolista española no ha cambiado su carácter reaccionario. Es más, al aumentar su concentración y poder monopolista ha aumentado su dictadura respecto a las demás clases. Los hechos muestran que de una manera u otra, continúa imponiendo su política e ideología a la sociedad en todos los terrenos. Es más, los hechos muestran, que, al revés de como pretenden el reformismo, mientras mayor es la influencia de estos en la sociedad, mayor es el

poder de la burguesía sobre el proletariado, de forma más expeditiva ejerce el Estado monopolista su Dictadura de clase contra el proletariado y las demás clases populares.

El método escolástico propio del dogmatismo, nos llevó a los comunistas en España a múltiples deformaciones, entre ellas a considerar la intervención exterior de un país socialista como "deber internacionalista" al margen de su propia realidad nacional. Ello partía de la confusión entre la lucha de clases en un determinado país capitalista, con la relación entre estados de diferente régimen social. Y en cierta medida se convirtió como coartada para muchos comunistas en España para no afrontar su sacrificio y su esfuerzo en su propio país.

Las relaciones entre las clases y en concreto, entre burguesía y proletariado en un país capitalista, supone una contradicción de nivel cualitativamente distinto, a las relaciones entre un estado socialista y un estado capitalista. Si ello no fuera así, si solo existiera como contradicción principal en el mundo la referida entre burguesía y proletariado, ello haría innecesario todo tipo de alianzas y no sería posible la construcción socialista en uno o pocos países, que es lo que ha ocurrido hasta la fecha.

El diferente tipo de contradicciones a afrontar por el proletariado en cada caso, que se dan a uno u otro nivel, no significa en absoluto que exista antagonismo en la resolución de ambas. Estratégicamente, la tarea del proletariado en un país capitalista es el derrocamiento de la clase capitalista en su propio país. Dicha tarea condiciona una determinada relación de antagonismo y alianza entre las clases en presencia, así como frente a la superpotencia que favorece dicha dominación.

Sin embargo, no es esa la situación en un país socialista, donde el proletariado y las clases populares al tomar el poder, transforman el anterior tipo de relaciones, dando un carácter distinto a su propio país, a las relaciones de éste con la comunidad internacional, y por tanto al tipo de contradicciones a afrontar en la construcción socialista. La contradicción principal significa dos cosas distintas, en cuanto a las tareas revolucionarias inmediatas, para un país socialista y para el proletariado de un país capitalista.

El hecho de que un país socialista mantenga relaciones diplomáticas o comerciales con el gobierno de un país capitalista, (todos los países socialistas tienen derecho a comerciar con otros países) no quiere decir en absoluto, que el proletariado de ese país deba "ablandar" su lucha por derrocarlo. No solo no hay antagonismo en ello, sino una lógica profundamente marxista.

La historia ha demostrado que la teoría según la cual los países socialistas tienen que ayudar materialmente a realizar la revolución en otros países es unilateral. Dicha concepción del internacionalismo proletario, de hecho, pone como aspecto esencial del proceso revolucionario nacional la ayuda exterior y debilita la necesidad del propio esfuerzo que debe ser el aspecto esencial.

La obligación de un país socialista es en primer lugar hacer indestructible su revolución desarrollándola en todos los campos. La ayuda exterior directa y material a otros países no es una obligación incondicional sino una posibilidad adecuada a las posibilidades del país socialista y su proceso de construcción y su decisión soberana.

La concepción de que el internacionalismo consiste en la creación de un centro que decide una política global en los diferentes países se ha demostrado un fracaso absoluto, precisamente porque no ha tenido en cuenta la importancia esencial de los factores internos de cada país. Cuando el objetivo de revolución mundial propuesta por los bolcheviques se diluye en 1918 debido a las traiciones de la socialdemocracia europea, dejando aislada a la URSS, se demostró que cada país tiene un grado de desarrollo distinto y ello determina inevitablemente unas características propias que determinan su peculiar proceso histórico. Las posteriores revoluciones habidas después reafirman ese hecho objetivo.

Por tanto la aportación a la revolución mundial es inversa a la que hemos defendido hasta ahora muchos comunistas, pues dicha aportación principal no la hace un centro decisorio mundial, sino las diferentes revoluciones que se consolidan en cada país. No hay que descartar la posibilidad de la revolución mundial bajo la dirección del proletariado internacional, en torno o para impedir una nueva guerra mundial que podría liquidar gran parte de la población global y el medio ambiente con armas de enorme destrucción, pero incluso esto sólo será posible si, en las condiciones actuales, el objetivo revolucionario continúa establecido por el marco estatal de cada país y es el poder de cada estado, el que cada pueblo y cada partido debe tomar, estableciendo las alianzas a su alcance y sus necesidades.

Ese es el aspecto prioritario en el que hoy hay que centrar las fuerzas y el mejor aporte que podemos hacer hoy al internacionalismo proletario y a la paz mundial.


Resolución aprobada por el COMITÉ CENTRAL del

Partido de los Trabajadores de España (PTE-ORT)

(Madrid 7 de Marzo de 2010)

 

 

Última actualización el Domingo, 14 de Marzo de 2010 22:54  

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